Mark Lanegan band

Kafe Antzokia. Bilbao, 11 de marzo de 2015
Letras: Angel Ignacio
Imágenes: Inma Chapado

 Tensión

Decía uno de los niños bonitos-malotes del britpop, Damon Albarn, que el grunge apestaba, que “Blur era anti-grunge”. Por su parte, Noel Gallagher (Oasis), bocachancla número uno de las islas británicas, escupía que todo ese victimismo en la música grunge “era una auténtica basura”. No resultan extraños estos arrebatos de pura flema británica, teniendo en cuenta que bandas como; Nirvana, Alice In Chains, o Screaming Trees; tomaban el relevo de preferencias musicales para la juventud inglesa en el arranque de los años noventa, tras la decadencia de la penúltima esperanza albión, The Stone Roses.

Aquellas bandas yanquis llevaban ya unos años acaparando toda la atención del público y no me consta que alguna de ellas llegara a responder jamás. No creo que tuvieran el menor interés. El grunge era demasiado nihilista como para preocuparse por unos pseudo-cockneys que montaban bronca mediática allí donde hubiese un micro abierto. MARK LANEGAN001No era su estilo ni su guerra. Seattle era el epicentro del movimiento. Una ciudad que, en aquel entonces, pasaba por ser una de las grandes urbes industriales de los usa. Tenía uno de los puertos más importantes de la nación, era sede de la multinacional Starbucks y del gigante de la aviación, Boeing. Suavemente fría y lluviosa, rodeada por lagos y bosques (suelen conocerla como la ciudad esmeralda)… se prestaba a una vida burguesa y acomodada. Y tras San Francisco, era la ciudad más liberal del país. Un ejemplo: más de un 12% de la población se declaraba homosexual.

Sin duda, caldo de cultivo perfecto para el nacimiento de una juventud en peligro de fatal aburrimiento, que sintiera la necesidad de un algo más. Inconformados y existencialistas nacieron unos nuevos hippie-punks, que bebían musicalmente de Jimi Hendrix, Black Flag, Pixies, Sonic Youth o Neil Young… casi a partes iguales. Y cuyos sentimientos, a diferencia de los hijos de la gran bretaña, estaban más cerca del loser y el yonki mitificado, que del espídico hooligan inglés.

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Mark Lanegan es hijo de todo aquello. Poseedor de una -casi asfixiante- tendencia a la melancolía y el oscurantismo, el ya cincuentañero grungie puede presumir de seguir vivo, depresivo y componiendo… a un excelente y sombrío nivel. Quizás por la misma necesidad de crear lóbregas negaciones de sí mismo. Pero también por haber vivido una historia inversa a la de compañeros generacionales. Eddie Veeder (Pearl Jam) o Chris Cornell (Soundgarden) alcanzaron el éxito mundial siendo veinteañeros. Por no hablar del finado Kurt Cobain (Nirvana), perfecto ejemplo de juguete roto. Lanegan, no. Mientras su banda, Screaming Trees, iba diluyéndose hasta perder el interés del público, e incluso ver rescindido su contrato discográfico por falta de ventas, él se refugiaba en canciones. Facturando trabajos en solitario que, a día de hoy, son más reconocidos que los de la banda en que nació y creció como músico.

Sigue fiel a sus ideas y lo demostró en su visita a Bilbo. Llenó el Antzoki de una audiencia que guardaba buenos recuerdos de su última visita -hace ahora casi tres años justos- y que, desde entonces, no solo no le ha perdido la pista sino que ha seguido disfrutando de sus nuevas canciones. En este caso, las recogidas en su trabajo del pasado año, “Phantom Radio”. Gran título. Define por sí solo la actitud fantasmal e inmutable de un artista que, sin salir de sus coordenadas, acusa evolutivas señales de vida íntima en cada una de las composiciones que, según sus propias palabras, ha parido gracias (o en conexión) a una aplicación de móvil que le ha encantado.

Con estas premisas arrancó el concierto. De partida, tres temas en absolutas tinieblas, a dúo con Jeff Fielder (inspiradísimo durante toda la actuación) que sustituía a Steve Jannsens respecto a la gira del “Blues Funeral”. Tres temas que anticipaban lo que sería un gran concierto. Tres temas para poner a prueba a los sufridos fotoperiodistas, vigilados luego estrechamente para no redundar en disparos acosadores. Tres temas, repaso de ayeres: “When Your Number Isn’t Up” (“Bubblegum”, 2004), “Low” (“Field Songs”, 2001) y “Dead On you” (“Whiskey For The Holy Ghost”, 1994).

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Luego, ya con banda al completo, reinterpretaron algunas fantásticas depresiones, marca de la casa: “No Bells On Sunday”, “Riot In My house”, “One Way Street”, “Sleep With Me” -soberbia-,… Todas ellas magníficamente revisitadas por una sección rítmica certera y disciplinada -perfecto Jean-Philippe De Gheest en los parches-, y bellamente adornadas por un impagable Aldo Struyf, que da contrapunto luminoso a la siniestra y tensa atmósfera que Lanegan perfila. Muchísima magia la que sale de los dedos de este músico; ya sea sampleando, pulsando teclas o acariciando las cuerdas de su guitarra. Ambos, De Gheest y Struyf, son miembros fundadores de la banda belga, Creature With The Atom Brain.

Inmutable, tenebroso, inquietante… dicen los más fans que Lanegan estuvo agradable, rozando la simpatía. Combinando escuetísimos y practicamente inaudibles “thank you”, con algún casi entrañable desprecio punkarra, peineta incluida. Se puede decir que la noche, el público y el lugar eran de su agrado. No así el café (muy descafeinado, sí) ni su temperatura corporal, que lo tuvo sudando gran parte del bolo. Quizás, si hubiese prescindido de alguna de las cuatro capas de ropa que llevaba a cuestas… Pero hasta en eso, parece no querer desmerecer la leyenda que le acompaña. Es decir, su creciente marchamo de heredero del Tom Waits más crapuloso y demacrado.

Comparaciones aparte, aquí no hay trampa ni cartón. Tendrá sus héroes y sus deudas estilísticas pero Mark es Mark, y cada día lo es más y mejor. Cuando aúlla, uno empieza a entender que los años están consolidado el licántropo estilo de un menda que está satisfecho de lo que hace y parece muy seguro de no querer hacer otra cosa. Ha naturalizado su opacidad y su extrema rigidez. Aunque a veces se ponga un puntito ¿más pop?, junto a Isobel Campbell. O más punk, cuando se junta con los amiguetes de Queens Of The Stone Age.

Mark Lanegan Band - Phantom RadioLos temas que presentaba de su nuevo disco así lo demuestran. Espectaculares y llenas de fuerza, cayeron; “Tom Red Heart”, “Floor Of The Ocean” -crepuscular, maravillosa-, “Harvest Home” -una auténtica gozada, entre lo mejor de la noche-, o “Death Trip To Tulsa” que aparentaba ser el broche final. No fue así. Volvió a salir, sin siquiera haber despejado el vaho de sus empañadas gafas, para redondear con un perfecto bis. A base de; “Gravedigger’s Song” (“Blues Funeral”, 2012), “I Am The Wolf”, “The Killing Season” (ambas también de “Phantom Radio”), y “Methamphetamine Blues” (de su aclamado, “Bubblegum”, 2004). Todo ello, con extra de guitarra invitada, a cargo del colegón, Duke Garwood, que telonea algunos bolos de la gira.

Así, sin haberse podido -o querido- quitar la tensa sensación con que se manejó durante todo el concierto (algo más de hora y media), el lobo miró fijamente al limbo por última vez, esputó algo inaudible (al menos, para el que escribe estas líneas), se dio la vuelta y se piró por donde había llegado. Dejando al personal más que satisfecho. Y al guitarrista, Jeff Fielder -amable como pocos-, las tareas de agradecimiento y despedida del respetable… Quizás Lanegan ya solo pensaba que aún le quedaba el trago de firmar discos a los fans, a plena luz y sin poder hincar el diente a tanta víctima de su estupenda infelicidad.

Licencia de Creative Commons

web oficial www.marklanegan.com
cartel tour2015 www.justinhampton.com

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2 comentarios en “Mark Lanegan band”

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